Que lo sepas

El saber no ocupa lugar.

Impresiones tras 11 meses en EEUU

Como sabéis, hace ya casi un año que vivo en EEUU (lo había anunciado por aquí el 28 de diciembre, para ver cuántos picaban y no se lo creían), y, como es de suponer, la manera en que se vive por aquí es diferente en muchos pequeños aspectos de cómo se vive en España.

Por ejemplo, el tratamiento de datos personales. Las empresas de por aquí consideran que si tienen tus datos personales, esos datos les pertenecen y pueden venderlos, cederlos, etc., etc. Además, siempre fueron muy poco cuidadosos con ellos (ahora lo son más), y era muy habitual que, por ejemplo, una empresa de tarjetas de crédito te mandara publicidad con una solicitud ya rellenada para que tú sólo tuvieras que firmar y mandarla por correo.

Por el otro lado, aquí no existe un carnet de identidad como en España, así que las empresas tienen pocas formas de verificar tu identidad, así que el sistema que todas estas empresas han adoptado consiste en hacerte preguntas que sólo tú puedes saber, supuestamente. Algunas de estas preguntas son tu fecha de nacimiento, el apellido de soltera de tu madre, o tu dirección actual. Por supuesto, como todas las empresas te hacen estas mismas preguntas, todas ellas tienen esta información. Y como te envían publicidad que incluyen gran parte de estos datos, esta información también está disponible para cualquiera que se haga con uno de estos envíos de publicidad, ya sea interceptando tu correo o recuperándolo de tu basura.

Como es tan fácil hacerse con la información de uno, y los sistemas de verificación son tan laxos, el "robo de identidad" está a la orden del día. Básicamente consiste en que el malhechor se hace con tu fecha de nacimiento y nombre de soltera de tu madre y se pone a solicitar créditos y obtener tarjetas y comprar cosas a tu nombre, y luego no los paga, y todo el marrón te cae a ti encima y hasta que el problema se soluciona pasan años y entretanto tu historial crediticio se resiente, etc., etc.

Por todo esto, un electrodoméstico casi imprescindible en cualquier casa es una destructora de documentos. Las cartas que me llegan a casa de Mastercard o de Capital One ofreciéndome tarjetas de crédito, o de AT&T ofreciéndome servicio de Internet, o, en general, cualquier cosa que lleve mi nombre, va a la trituradora en lugar de al cubo de la basura. De hecho, casi todo el papel que recibo va a la trituradora, para que quede todo bien mezcladito y sea más difícil de reconstruir. Por supuesto, mi trituradora es de corte cruzado para evitar que me hagan lo mismo que a la embajada de EEUU en Irán (sus trituradoras cortaban en tiras, y después de la revolución islámica los iraníes consiguieron reconstruir varios documentos).

Una trituradora de documentos es muy fácil de usar:

  1. Poner el papel en la ranura,
  2. mirar fascinado cómo el papel es tragado por la máquina,
  3. buscar cualquier papel por los alrededores que ya no haga falta para seguir triturando papeles.

En serio, usar una trituradora de documentos es súper adictivo. Ya sé qué sentía el gato que tiraba de la cadena.

Otra cosa que tienen los americanos es que les encanta elegir. En casi cualquier cosa que quieras hacer, te van a ofrecer varias opciones. Vas a comprarte un bocadillo y te preguntarán si quieres pan blanco, integral, italiano, indio, si quieres mermelada, mantequilla, manteca de cacahuete, si quieres coleslaw, lechuga, ensalada de atún, si quieres patatas fritas, si quieres fruta, ... Vamos, prácticamente os piden la receta del bocadillo. Si vais a un restaurante de estilo americano y os atosigan preguntándoos si queréis cada ingrediente, ya sabéis por qué es.

Cuando empecé a trabajar en EEUU me tenían que dar un seguro médico, así que me dieron a escoger entre seis opciones, que básicamente se dividían en dos grupos: uno en el que tienes que escoger tu médico cuando haces el seguro, y otro (más caro) en el que puedes escoger un médico diferente cada vez. Las webs de los hospitales dan mucha información sobre cada médico, con su foto, sus títulos, sus afiliaciones profesionales, sus aficiones, etc. para que los pacientes puedan verlos y elegir el que más le guste. Yo, como soy un simple, me guío por criterios mucho más primarios:

—Hola, quería cita para ver al médico.
—¿A qué médico quería ver?
—Eh, ¿al que esté libre antes?
—Caramba, qué original.

Y creo que de momento ya he escrito suficiente. Con un poco de suerte, de aquí a 11 meses se me dará por contaros más cosas sobre los EEUU :)

Aceptando barco

Por cierto, acabo de ver el original del anuncio del “Scattergories”, el que originó lo de “aceptamos barco” (como animal acuático, y más tarde el pulpo como animal de compañía).

En inglés, primero aceptan “pulcritud” como una enfermedad, y “rinoceronte” como animal de granja.

Sé que estábais deseando saberlo.

Subempleo para universitarios

Las siguientes gráficas hablan por si solas:

España, a la cabeza del subempleo de los graduados universitariosEspaña, a la cabeza del subempleo de los graduados universitarios

Si queréis ver los datos en detalle, id a la web del informe "Education at a Glance 2010: OECD Indicators", descargaos la hoja de cálculo del indicador C3 (éxito de los estudiantes en la transición al empleo) y mirad la tabla 3.7.

Actualización: había etiquetado mal los datos. La gráfica que había puesto no era de trabajos no cualificados; era de trabajos para los que no se necesitaba educación terciaria. Para que nadie me acuse de manipulador, he incluído la de trabajos no cualificados (limpiadores, reponedores, peones, etc.) en la que ganamos más de calle si cabe.

El efecto Barrapunto

Por si alguien tenía curiosidad:

De 100 a casi 6000 visitas en dos días

En realidad es una combinación de efecto Barrapunto y efecto Menéame, pero como la persona que lo envió a Menéame puso un enlace a Barrapunto en lugar de un enlace directo a mi página, no se puede saber cuánto ha contribuido cada sitio. Por eso, amiguitos, es importante atribuir correctamente las cosas :)

Señal de stop

Mi página web está corriendo el peligro de convertirse en el weblog de “los de Microsiervos no tienen ni puta idea”...

Antigua señal de stop

... aunque en este caso puede que la explicación sea que ninguno de ellos tenga más de veinte años, porque ¡mira que no conocer la antigua señal de stop!

El maravilloso mundo de los embalajes: el blister

Esta historia ha viajado en el tiempo. Desde el 17 de agosto de 2006, para ser exactos. Que la disfrutéis.


En el mercado hay dos clases de aparatos electrónicos: los que vienen en cajas enormes de cartón y los que vienen en blisters de plástico indestructible.

Los blisters proceden directamente de la tecnología que hizo posibles prodigios como el blindaje de Kitt (el coche fantástico) y la piel de Mortadelo y Filemón. Son vainas gigantescas de plástico transparente dentro de las cuales va el aparato electrónico y cuatro o cinco cartulinas impresas por offset y plegadas de formas inverosímiles. Estas vainas suelen estar dobladas sobre si mismas y luego selladas por los bordes mediante calor.

Los blisters no se pueden abrir con la mano. Para hacerlo hacen falta tijeras, como mínimo; y de ahí, para arriba. En ocasiones es necesario, para conseguir abrirlos, hacer fuerza hasta alcanzar escalas metafísicas (del estilo de “¿qué ocurre si sobre un cuerpo inamovible se ejerce una fuerza irresistible?”).

A veces, los blisters están sellados de forma que un ingenuo pensaría que podría conseguir cortar el blister de forma que, después, se pudiera abrir y cerrar el blister. Permítanme adelantarles que no; lo único que se consigue así es un ingenuo frustrado.

Como ya he dicho, en ocasiones se puede cortar el blister con unas tijeras. No piensen, no obstante, que el blister se rinde sin presentar lucha: por donde ha pasado la tijera, el blister se convierte en afiladas hojas cortantes.

Dato curioso:
recientemente, en el Líbano, ante la escasez de utensilios de primera necesidad, se utilizaron miles de blisters como hojas de afeitar.
Dato curioso:
en 137 países están absolutamente prohibidos los aparatos electrónicos en las cárceles porque los presos fabrican cuchillos y espadas con los blisters. Incluso, en alguna ocasión, fabricaron unas estrellas ninja y una sierra radial para cortar tablones de madera.

Para terminar, el comentario ecolegal (ecológico y legal, vaya hallazgo de palabra):

Existen Directivas europeas que obligan a las empresas a reducir la cantidad de material que emplean en los embalajes. Un ingenuo (el mismo de antes u otro distinto) pensaría ya que los blisters, a estas alturas, se fabricarían con un plástico delgadito y serían poco más grandes que el aparato electrónico que resguardan.

Pues no.

Fíjense bien: las Directivas obligan a reducir la cantidad de material, no a haberlo reducido. Es decir, si empiezan con un embalaje que pesa 20 kilos y utiliza 40 m2 de cartón, 2 kg de plástico, dos ardillas y media jirafa, pueden estar años y años reduciendo el tamaño del embalaje y, por lo tanto, cumpliendo la directiva. Si, en cambio, empiezan con un embalaje óptimo, ¿qué reducen el año que viene?

Dato curioso:
para fabricar 1 kg de blister se emplean 100 gramos de ardilla y 10 kg de jirafa. El resto de la jirafa se emplea en la fabricación de las cartulinas que van dentro del blister.

Piensen en ello y tengan cuidado con la próxima vez que abran un blister, que los carga el diablo.

Spaniards who dare do something in public they aren't good at

Some people who got laughed at quite a lot in Spain because they can't speak English. Most people in Spain can't speak English either, but that didn't stop them from laughing.

Francisco Franco:

Emilio Botín, chairman of the Santander Group:

El Príncipe Gitano, singing "In The Ghetto":

Raphael, singing "Aquarius":

Una aclaración sobre las armas de fuego en EEUU

Al contrario de lo que mucha gente cree, en los supermercados Wal-Mart de los EEUU no tienen munición de rifle en las estanterías al alcance de cualquiera.

Lo que tienen en las estanterías son los cartuchos de escopeta; la munición de rifle y pistola está en una vitrina, justo al lado de los cartuchos.

Taxis en Dublín y en Nueva York

Cuando llegué por primera vez a Dublín, alguien me dijo que había más taxis en Dublín que en Nueva York. Por supuesto, no me lo creí, así que pedí una aclaración: “¿per cápita, o en términos absolutos?” “En términos absolutos” fue la respuesta. Seguí sin creérmelo mucho, pero no volví a prestarle atención.

Hasta ayer, claro. Hablando de otras cosas, de alguna forma llegamos al tema de los taxis, así que decidí investigar el asunto. Decidí contar sólo licencias para vehículos del tipo que normalmente consideramos “taxi”; esto no incluye limusinas u otros tipos de coches de alquiler.

Conclusiones: en County Dublin hay unos 12.000 taxis para unas 1.200.000 personas. Esto son 100 personas por cada taxi. En Nueva York, sin embargo, hay unos 13.000 taxis para unas 8.400.000 personas. Esto son 646 personas por cada taxi. Por lo tanto, Dublín tiene menos taxis que Nueva York en términos absolutos, pero muchísimos más per cápita. Si mi amigo hubiera respondido “per cápita” habría tenido razón.

El guante y el duelo

En estos tiempos en los que se han perdido las buenas costumbres del pasado, ya nadie sabe cómo desafiar a otra persona a un duelo. Como ejemplo de mi afirmación pondré a Homer Simpson, que en un episodio deambula con un guante en el bolsillo, listo para dar un guantazo a quien se cruce en su camino y decirle: “señor, lo desafío a un duelo”.

El problema es que Homer lo está haciendo mal.

En aquellos buenos tiempos pasados, había varias formas de solucionar las cuestiones de honor: las ofensas más leves se podían solucionar con una disculpa, pero las más graves causaban tal daño al honor de uno, que sólo era posible repararlo mediante la celebración de un duelo.

Y con esto llegamos a la función de los guantes en los duelos. Hoy en día, mucha gente piensa que, cuando uno era insultado y quería reparar su honor mediante un duelo, debía darle un guantazo a su ofensor. Sin embargo, en realidad se hacía al revés: el caballero ofendido se quitaría el guante y lo arrojaría delante de su ofensor; se suponía que éste debía, entonces, recoger el guante y abofetear a la persona originalmente insultada.

Esto se hacía así porque un guantazo era el insulto más grave que se podía infligir a un caballero, y sólo se podía reparar en un duelo. Por tanto, este gesto obligaba a reparar en duelo una ofensa que, en principio, se habría podido resolver por otros medios.

Uno podría pensar que el resultado final sería el mismo si el ofendido fuese quien le diera el guantazo al ofensor; sin embargo, esto haría que se inviertieran los papeles de “desafiante” y “desafiado”, con lo que eso supone a la hora de decidir quién elige el sitio y la hora, y quién elige las armas.

(Por supuesto, generalmente no era necesario dar realmente el guantazo; con recoger el guante ya se consideraba que el guantazo estaba dado y el desafío aceptado. Ahora bien, si uno todavía tenía ganas de seguir insultando, no había nada que le impidiese dar el guantazo).

Espero que, después de leer esto, sepáis qué hacer la próxima vez que necesitéis desafiar a alguien a un duelo.