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Contando los segundos

Si vas por la calle y paras a alguien para preguntarle la hora, puedes encontrarte tres tipos de respuesta:

  1. “Son las tres menos cuarto”
  2. “Son las quince cuarenta y siete”
  3. “¡No tengo dinero! ¡No me atraques! ¡No me atraques!”

Por tanto, si no contamos a la gente que se cree todo lo que sale en la tele y vive aterrorizada de sus semejantes, vemos que hay dos tipos de personas: unos se conforman con saber la hora con una precisión de unos tres o cuatro minutos, mientras que los otros quieren tener la hora más exacta posible. Esta historia no va sobre los primeros, sino sobre los segundos (al fin y al cabo, las historias sobre gente con rarezas son mucho más entretenidas que las historias sobre la gente normal).

El origen del nombre de Dublín

Las guías de viaje de Dublín suelen decir que su nombre en irlandés es “Baile Átha Cliath”, y que el nombre “Dublín” procede de “Dubh Linn”, que significa “laguna negra”, y se quedan tan panchas. Así, sin explicar a qué viene lo de la laguna negra de marras, y por qué esta laguna era tan importante como para darle su nombre a la ciudad.

El río que cruza Dublín es el Liffey. El Liffey se ve afectado por las mareas: cuando la marea es alta, el agua del río es salada. Por este motivo, no se podía utilizar el agua del río para beber, y los antiguos habitantes de Dublín tenían que recurrir al río Poddle, uno de los afluentes del Liffey, para obtener su agua potable.

En aquella época el Poddle formaba una laguna antes de desembocar en el Liffey. Esta laguna era accesible por barco desde el Liffey, así que los vikingos solían amarrar sus barcos allí, y por lo tanto construyeron la ciudad al lado de la laguna. Como podéis imaginar, esta laguna era la “laguna negra” que dio nombre a la ciudad de Dublín.

En la Edad Media, los normandos conquistaron Irlanda, construyeron el castillo de Dublín y fortificaron la ciudad. El río Poddle pasaba al sur y al este del castillo, y complementaba las fortificaciones.

Con el tiempo, el Poddle se hizo insuficiente para aportar el agua necesaria para la ciudad, la laguna dejó de utilizarse y con el tiempo fue modificada y después rellenada, la ciudad siguió creciendo, y, como hacía falta el espacio, a finales de la Edad Media canalizaron el Poddle por tuberías subterráneas para poder construir encima sin que estorbara. Desde entonces, según fue creciendo la ciudad, fueron cubriendo más y más tramos del Poddle.

Hoy en día, de la laguna negra sólo queda el nombre, y la desembocadura del Poddle sólo se puede ver cuando hay marea baja:

Desembocadura del Poddle.